Escribamos ansiosamente un mensaje para otros, metámoslo cuidosamente en una botella de cristal grueso, entremos en el mar hasta que las olas nos salpiquen la cara y lanzémoslo con toda nuestra fuerza a las aguas bravías y espumosas...
Años pasarán antes de que el destino nos responda. Si tenemos suerte, aún estaremos en esta querida Tierra, cuando llegue el momento. Y, en ese momento, veremos cómo la vida se nos va cada día, inexorable, y comprenderemos que el estar aún aquí es la verdadera fortuna que nos queda...
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